Isabel Lizarraga y Juan Aguilera presentan “Clara Campoamor. La forja de una feminista” en Santos Ochoa

A las 19:30 horas en Santos Ochoa. Calvo Sotelo, 19. Logroño.

Este volumen recoge 63 artículos periodísticos de Clara Campoamor, prácticamente desconocidos hasta hoy. Se publicaron entre 1920 y 1921, cuando la autora contaba 32 años, todavía no había concluido el Bachillerato y trabajaba como profesora de la Escuela de Adultas de Madrid. Estos textos de la futura sufragista muestran su primera vocación literaria y son fundamentales para perfilar su espíritu combativo y moderno. Nos adentran en el mundo de expectativas de una mujer autodidacta y ansiosa por conocer la sociedad que la rodea.

Campoamor se interesa sobre todo por la vida de las mujeres, por las heroínas anónimas que se desmarcan del tradicional papel femenino y persiguen su futuro en un medio social que limita sus posibilidades (estudiantes, trabajadoras, feministas, opositoras, artistas…), pero también aborda el contexto social de los más humildes y marginados, que precisan de auxilio material o de la más elemental instrucción. Siempre, ante una y otra realidad, la periodista Clara Campoamor toma partido, como seguiría haciéndolo durante toda su vida.

Clara Campoamor (Madrid, 1888-Lausana, 1972) consiguió, contra la opinión de su propio partido y de la socialista Victoria Kent, que las Cortes Constituyentes de la Segunda República aprobaran el sufragio femenino. La primavera de 1936 sorprendió a Clara en Madrid, donde asistió a los prolegómenos de la Revolución y, ya en verano, al estallido de la guerra civil. Campoamor, temiendo por su vida, tuvo que huir de la zona republicana en el otoño de 1936, y se instaló en Suiza. A finales de aquel año había redactado el cuerpo principal de su más conocido libro La revolución española vista por una republicana. Vivió en Suiza, en Argentina y alguna vez en París. Tras la victoria de los franquistas intentó en varias ocasiones afincarse de nuevo en España, sin éxito. Su condición de masona la hacía sospechosa a los ojos del Tribunal de Represión de la Masonería, así que finalmente tuvo que abandonar la esperanza de volver a ver España y murió en el exilio, en Suiza, en 1972.

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